Hoy, Solemnidad de San Pedro y San Pablo se conmemora el 782 aniversario de la Segunda Dedicación de la Catedral. 782 años tras aquel 29 de junio de 1236 en que el monarca Fernando III entrase a la ciudad por la Puerta del Puente siguiendo la cruz que portaba don Lope Fitero quien después se convertiría en obispo de Córdoba.
Entraron a la mezquita por la puerta principal – actual Puerta del Perdón – y en una ceremonia presidida por el obispo de Osma acompañado por las personalidades eclesiásticas más importantes de aquel momento, entonaron la antífona Adesto Deus, tras esto, obispo de Osma bendijo agua mezclada con sal como disponía el ritual. Refiere la primera Crónica General que cercaron a derredor toda aquella mezquita, esparziendo agua bendita por ella como deuie para expulsa Mahometi superstitione.
Una vez dentro de la sala de oración se procedió a su purificación trazando con el báculo las letras del alfabeto griego y latino en una cruz de ceniza sobre que pavimento. Con estos ritos de purificación la antigua Mezquita Aljama fue consagrada al culto cristiano y el nuevo altar mayor se consagró a Santa María, advocación bajo la que estuvo hasta el siglo XVI. La ceremonia de dedicación culminó con una misa presidida por el obispo de Osma y curiosamente sin la asistencia de Fernando III quizá, por pretender que fuera el Rey Eterno el primero en tomar posesión del templo. No es hasta el día siguiente, 30 de junio, cuando se produce la entrada por primera vez del monarca Castellano en el templo, que no se convertirá en Catedral hasta el 20 de junio de 1239 tras la ceremonia de consagración del primer obispo, don Lope Fitero.

Fuente: Cabildo Catedral de Córdoba
En la imagen observamos la magnífica obra de Acisclo Antonio Palomino datada en 1713 y que podemos disfrutar en la Capilla del Cardenal Salazar, actual tesoro de la Catedral. En ella vemos el momento en que el príncipe Abu-I-Hasan entrega las llaves de la ciudad al Rey Santo en clara actitud de rendición. Una pintura curiosa por los anacronismos que muestra y que nos revelan el momento histórico en que fue realizada la pintura. A simple vista ya resultan curiosas las vestimentas de Fernando III, pues lejos queda su atuendo del vestir a la medieval, pero podemos seguir extrayendo datos reveladores de la fecha pues, por lo que ya hemos apuntado, nuestro caro monarca conoció el templo con su fisionomía de mezquita y por tanto, ni imaginar pudo el crucero y cimborrio que sobresalen al exterior así como la esbeltez y señorío del campanario que se eleva al cielo en sustitución del antiguo alminar del califa Abd – al – Rahman III.
Por tanto, no es que el pintor fuera un visionario, este anacronismo se debe a una práctica muy común durante la Contrarreforma consistente en contextualizar una escena relevante del pasado dentro la contemporaneidad del pintor.

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Bibliografía:
Nieto Cumplido, M.: La Catedral de Córdoba. Obra social y Cultural de Cajasur, 2007.