En la facultad era muy frecuente escuchar que en la Mezquita-Catedral podíamos estudiar las características propias de muchos estilos artísticos, desde época romana a través de las columnas y capiteles hasta, por ejemplo, arte neoclasicista.

En este caso os traemos un ejemplo que a simple vista puede resultar baladí, e incluso de escasa calidad, pero con él tenemos un ejemplo de un tipo de pintura muy característica del Renacimiento, aunque como es normal al hablar de Historia del Arte en Córdoba, llegó con cierto retraso a nuestra ciudad.

La obra que hoy os traemos es una pequeña pintura que se encuentra como puerta del sagrario en el banco del retablo del altar de Santa Marta. Representa a la Virgen y al Niño que sostiene una naranja en su mano derecha, acompañados por un rompimiento de gloria en la esquina superior izquierda, en el que podemos ver la paloma del Espíritu Santo rodeada de una luz y cabezas de angelitos. Esta pintura está data del s. XVII. Pero lo que a nosotros nos interesa es lo que aparece detrás de esta imagen principal.

Las arquitecturas pintadas fueron una de las opciones elegidas por muchos artistas para resaltar las figuras que representaban. Con este tipo de fondo conseguían dotar a las figuras de un ubicación creíble a nivel espacial y visual, histórico y también a la moda de la época.

Los desposorios de la Virgen. Rafael Sanzio

Gracias a este tipo de escenas se creaba una perspectiva con la que además de dar profundidad a la obra, servía al artista para demostrara su maestría o destreza en la pintura.

Estos fondos arquitectónicos no tenían porqué presentar fielmente un entorno que se correspondiera con una ciudad en concreto, son en muchos casos “ciudades ideales» que los propios pintores inventaban mezclado edificios reales con otros imaginados para conseguir un punto de vista único, a medida de sus necesidades y gustos. En estas ciudades idílicas reina la simetría, el orden, la nobleza de la arquitectura y la amplitud de los espacios, reflejo del buen gobierno de una sociedad.

La ciudad ideal. Atribuido a Fra Carnevale.

En la pintura que hoy traemos podemos ver lo que parecen 6 edificios, uno que sirve como telón de fondo, 4 que ordenados de forma paralela inciden de forma perpendicular con este primero, y uno en primer plano en el que se encuentran cobijadas las figuras. Al fondo también vemos figuras que habitan ese espacio.

Del último edificio, el que cobija los personajes principales, lo único que podemos percibir es que tiene una logia o balcón creado con varios arcos apoyados en esbeltas columnas. En cuanto a los 4 edificios que forman el lateral derecho, podemos ver que reúnen las características propias de los edificios renacentistas, de fachada rectangular ordenada en 3 o 4 plantas con columnas, arcos, arquitrabes, conjuntos escultóricos y rematados con sus cornisas.

Pero el que más ha llamado nuestra atención es el edificio del final, el que marca el fondo. Es el único que posee bóveda, y no una cualquiera, sino una de las obras que marcarán el Renacimiento. Santa María de las Flores, la Catedral de Florencia, tiene una cúpula que logró culminar Brunelleschi en 1.436, y que de manera más o menos fiel vemos representada en este cuadro. Podemos ver una cúpula de color marrón con nervios blancos y bajo ella una serie de muros que crean un espacio poligonal decorados con óculos.

Esta cúpula en el momento en que se construyó marcó un antes y un después en la Historia del Arte. Se convirtió en el emblema de una floreciente y vanguardista ciudad bajo el mando de Lorenzo de Medici, en la que se estaban desarrollando genios como Ghiberti, Donatello, Boticelli, Piero de la Francesca o Alberti.

Vista de la cúpula de Santa María de las Flores, Florencia

El hecho de que el artista de nuestra pintura escogiera este edificio no es para nada trivial, era un edificio del que todo el mundo hablaba, referenciado en todos los tratados de arquitectura de la época, una obra única en el momento y cualquier pintor la tendría dentro de su repertorio a través de estampas o tratados.

Bocetos vistas arquitecturas con la cúpula de Sta. María de las Flores.

Este hecho es el ejemplo perfecto del flujo de material pictórico que viajaba por Europa en este momento, que hace posible que cualquier artista, sea cual sea su calidad, pueda estar «al día» en la moda y gustos de la época.

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