Siempre bajo la sombra de la autoridad islámica y en una estructura social patriarcal, la mujer andalusí libre disfrutó de una gran consideración en comparación con su homóloga oriental. Disfrutó de un ambiente más liberal que incluso es comparado con el papel cultural y literario de la mujer en la literatura francesa en los siglos XVII-XVIII.

Esta realidad no es comprensible si no se ve dentro de un marco social en que su libertad (hasta cierto punto) iba más allá de lo que se creería, y el acceso a la enseñanza y oportunidad para expresarse (dentro de unos límites) llegaron a un nutrido grupo de mujeres.

Fresco en el que aparece una mujer del Qasr Amra, Jordania.

En el caso de la mujer musulmana en el territorio andalusí, se consiguieron ciertos derechos de igualdad de oportunidades, al contrario de lo que podría ocurrir en otros territorios. Desgraciadamente son muy poco los documentos que nos hablen sobre la mujer andalusí, pero tenemos nombres de mujeres que cultivaron la medicina, la jurisprudencia, la caligrafía, el canto y la poesía (El grado social que alcanzó la mujer andalusí fue considerable, lo que conllevó a la aparición de hasta 60.000 poetisas). La mujer andalusí se encontraba con los hombres en las aulas de enseñanza, salía para visitar las mezquitas y paseaba por los parques en compañía de sus esclavas. No era presa de su hogar, sino que trabajó en muchos ámbitos y participó activamente en la construcción de la sociedad andalusí. Aunque obviamente su papel no estuvo, ni mucho menos a la misma altura que el del hombre.

La mujer desempeñó un papel importante como formadora, educadora y transmisora de la cultura y los valores sociales. La familia, como el resto de la estructura social, era patriarcal. El padre era el responsable de cubrir todas las necesidades de manutención de la familia, aunque si no lo cumplía era repudiado por parte de la sociedad y sobre todo por sus más allegados. Es interesante ver como en la familia andalusí no diferenciaba en su nacimiento entre niño y niña. Tenemos los versos de Ibn Amar al-Sair para felicitar a al-Mutamid Ibn Abad por el nacimiento de dos gemelos de diferente sexo.

…te felicito por tus dos hijos, niño y niña
la luz del sol y de la luna es la misma.

El ambiente cultural de la Córdoba califal, cosmopolita, mestizo y con ciertos aires de libertad, permitieron la aparición de destacadas mujeres en diferentes campos de la sociedad.

Mujeres andalusíes. Miniatura del Códice de las Cantigas de Alfonso X el Sabio

Una de todas esas poetistas andalusíes de las que se tiene noticia, fue Muhya Bint at-Tayyaní al-Qurtubiyya (s. XI). Su origen era bastante humilde, era hija de un vendedor de fruta. No sabemos en qué circunstancias conoció a la princesa Wallada, quién se preocupó de que Muhya tuviera una buena educación, hasta el punto que aprendió el arte de la poesía, que empleó para satirizar a su protectora. No tenemos por qué ver estos versos como muestra de celos o despecho, sino porque el uso de la sátira tenía mucha aceptación entre los poetas. En su poema a la princesa, usa su nombre Wallada = la que da luz, con alusiones sexuales.

Wallada ha dado a luz y no tiene marido,
se ha desvelado el secreto,
ha imitado a María
mas la palmera que la virgen sacudiera
para Wallada es un pene erecto.

Continuando con la princesa Wallada, podemos decir que en el libro El Collar de la paloma de poeta Ibn Hazm, podemos ver cómo se analizan los sentimientos amorosos y del comportamiento de los amantes con un protagonismo de la mujer, además de encontrar una lista de diferentes profesiones realizadas por mujeres, como curanderas o médicas, comadrona, aplicadoras de ventosas, vendedoras ambulantes, peinadoras, plañideras, cantora y maestra de canto, hilandera, tejedora, etc. De estos oficios tenemos solo algunas referencias, pues al ser trabajo de clases populares no merecieron ser descritos ni registrados con mayor detalle.

Tampoco tenemos noticias del mundo rural, donde la participación femenina en las tareas agrícolas y en la producción es fundamental y equiparable a la del hombre, aunque sus tareas estuvieran diferenciadas.

El propio Ibn Hazm recibió su educación a manos de mujeres en el palacio de su padre, y cuenta que creció entre mujeres, no trató con hombres hasta la mayoría de edad y de ellas aprendió el Corán, poesía y ortografía. En sus textos nos describe algunas anécdotas de su entorno. Cuenta, en relación con el uso del velo, que fue a visitar a una conocida mujer, cuya hija era joven. Él se hospedó tres días en casa de la mujer y la hija no vistió en ningún momento el velo islámico durante esos días, ya que las costumbres no exigían tal conducta.

No debemos olvidar los ejemplos que tratan de las mujeres esclavas a las que se le daba una formación cultural que no solo incluía la música y la danza, sino también la literatura, filosofía, ciencias o la caligrafía. Su función era, obviamente, la de adornar los palacios de la aristocracia y, por supuesto, la de satisfacer los deseos de sus amos. Aún así, su preparación y su condición social les permitió una cierta capacidad de actuación que muchas de ellas supieron utilizar en su propio beneficio, obteniendo incluso ser manumitidas y alcanzando una posición social elevada.

Las mujeres musulmanas de al-Andalus, practicaron funciones públicas, fueron dirigentes religiosas y portavoces de la comunidad, aunque siempre restringidas a ciertos círculos y con unos límites claros. En las Crónicas se habla de mujeres que impartieron justicia, entre ellas destaca una jurisconsulta que era mujer del Cadí de Loja, una mujer tan brillante que superaba en los dictámenes a los propios ulemas. Su conocimiento del derecho malikí era tan grande que a ella acudían los estudiosos para aprender, su marido, que ejercía como juez, nunca daba las resoluciones de los casos que se le presentaban en el acto, antes los consultaba con ella.

Uno de los sabios de la religión Abd Allah Inb Ismail fallecido en 1085, afirmó que fue discípulo de dos mujeres andalusíes, lo que indica que, al menos en algún caso, el rango de la mujer en al-Andalus llegó al de maestra o sabia, que examinaba a los estudiosos de la materia e impartía clases.

Algunas profesiones muy curiosas son las relacionadas con las celebraciones de fiestas y bodas, como son la de peinadora, depiladoras, tatuadoras y bailarina, que, aunque no gozaban de respeto social ni religioso por estar maldecidas por el Profeta, seguían trabajando y no lograron detener sus prácticas. También las plañideras fueron unas mujeres poco “correctas” dentro de la sociedad, ya que estas mujeres contratadas para llorar, gritar y golpearse el pecho y el rostro durante un funeral, alteraban el orden público, por alzar la voz y correr por las calles con el rostro descubierto, sin respetar el recato y silencio propio del comportamiento público de una mujer.

Uno de los aspectos más negativos de la influencia política de la mujer en las altas esferas del poder, era influenciar sobre la sucesión al trono de los hijos, sobre todo las esclavas más cercanas al califa, con lo que aumentaron las intrigas y los espías de la corte. Es muy conocida la historia entre Maryam y Fátima bint al-Mundir, y la noche en la que la primera consiguió que su hijo al-Hakam fuera el heredero al trono, saltando al primogénito, de sangre árabe e hijo de Fátima, o el caso de Subh, mujer de al-Hakam II, a la que la Historia siempre la ha descrito como débil, caprichosa, embaucadora, y finalmente derrotada por aquel a quien tanto benefició (Almanzor). Algo totalmente incorrecto, ya que las fuentes siempre nos dicen que Subh ejerció un papel de gran importancia en la escena policía cordobesa, actuando por iniciativa propia en multitud de ocasiones. A partir de la muerte del califa al-Hakam II hasta la ruptura de Almanzor, Subh ejerció un poder político real, aunque progresivamente amenazado por la dificultad de su posición. Su propósito siempre fue preservar la herencia de su hijo.

Otro fenómeno que demuestra la gran consideración hacia la mujer andalusí, en este caso perteneciente a las clases reales, es que muchas de ellas, libres o esclavas, sufragaron con su propio dinero construcciones como acueductos, mezquitas, acueductos, y dieron nombre a algunos cementerios como Mumara, mujer de al-Hakam I.

 

Queremos terminar este post, viendo la figura de Lubna de Córdoba, aunque podríamos haber escogido otra, nos ha parecido un personaje muy curioso ya que cuando hablamos del “Humanismo” que creció en la corte califal en el siglo X, siempre se nombran a personajes masculinos.

Obra de J. L. Muñoz. Casa de  Sefarad de Córdoba

Lubna fue una intelectual andalusí, de la que desconocemos su fecha exacta de nacimiento o de fallecimiento, ni existen fuentes de la época que nos cuenten su vida. Sólo sabemos que nació en una familia esclava que trabajaba en la corte de Abd al-Rahman III. Su nombre también hace referencia a su procedencia, ya que las mujeres esclavas solía tener nombres de objetos o sentimientos agradables, como Maryan (Coral), Qamar (Luna) o Lubna (Árbol del paraíso que produce una leche dulce).

Tuvo grandes conocimientos sobre gramática, una envidiable caligrafía y fue además conocida por sus poemas, en los que retrató su vida en el alcázar.

Se convirtió rápidamente en una personalidad importante dentro de la corte califal. Consiguió ser manumitida (liberada) y trabajó como la secretaria oficial del califa al-Hakam II, siendo su escriba particular.

Junto con Hasday ibn Shaprut fue la impulsora de la creación de la famosa biblioteca de Madinat al-Zahra, se dice contaba con más de 400.000 volúmenes. Esta biblioteca contenía tratados de Hipócrates, Galeno, Ptolomeo, Arístóteles, etc. Junto a ella se fundó una escribanía y talleres de encuadernación donde trabajaron numerosas copistas. Según las crónicas árabes, en el siglo X se podían encontrar en los barrios de la ciudad más de 170 mujeres que sabían leer y escribir, responsables en copiar los manuscritos más valiosos, un hecho que da una idea de la cultura y el papel de las mujeres durante el califato de al-Hakam II. En ella trabajó mano a mano con Talid, y realizó tareas de copista, crítica y conservadora, por lo que era la encargada de hacer anotaciones, reseñas, etc. Además ideó un novedoso y eficaz sistema de clasificación para los volúmenes.

Sabemos que viajó a Oriente Medio en busca de volúmenes para ampliar la biblioteca califal, estuvo en El Cairo, Damasco y Bagdad, y tradujo algunos de esos volúmenes, ya que contaba con amplios conocimientos de griego, latín y hebreo.

Las fuentes nos cuentan dedicó parte de su tiempo en enseñar a los niños y niñas de la ciudad, se dice que la seguían mientras recitaban las tablas de multiplicar hasta llegar a las puertas del alcázar.

Con la llegada de Almanzor al poder, se deshizo la Gran Biblioteca y se destruyeron obras que trataban temas de filosofía, astronomía, religión, etc., y Lubna se fue de Córdoba. Según las fuentes sabemos que posiblemente se refugió en Carmona y que murió en 984.

Podemos concluir que la “invisibilidad” de la mujer en las fuentes escritas es uno de los problemas que tienen los investigadores del tema, pero que aun así llama la atención el papel de la mujer en la sociedad y la cultura andalusí, donde ocupó un papel más relevante que en Oriente. Es posible verla en muchas esferas de la vida a todos los niveles, pero destaca, especialmente en el campo de la cultura.

Si quieres saber más no te pierdas nuestra visita sobre «Las grandes olvidadas de la historia cordobesa».

Ataurique, Gestión Cultural

 

Bibliografía:

Manuela Marín «Las mujeres en al-Andalus: Fuentes e Historiografía». Árabes, judías y cristianas: Mujeres en la Europa Medieval, Univ de Granada, 1993.

Manuela Marín. «Una vida de mujer: Subh».

Mª Luisa Ávila. «Las mujeres “sabias” en al-Andalus».

Mª Jesús Nadales Álvarez. «Mujeres en al-Andalus». Isla de Arriarán, XXVIII, diciembre 2006.

Mª Isabel Cabanillas Barroso. «La mujer en al-Andalus» IV Congreso Virtual sobre Historia de las Mujeres. 2012.

Muhammad Sayyah Mesned Alesa.»El estatus de la mujer en la sociedad árabo-islámica medieval entre oriente y occidente». Granada 2007.