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Platería en un Viernes de Dolores atípico

Ya sabéis que en Córdoba todo el mundo conoce al menos a un Rafael/a y habría que añadirle “y a un platero/a”. Nuestra ciudad ha tenido fama durante toda su historia de ser tierra de buenos plateros, de ahí que haya piezas salidas de nuestra ciudad por toda España y Latinoamérica. Hoy día el 60% de la producción nacional de joyería se produce en nuestra provincia.

En la historia de la platería cordobesa encontramos ejemplos de infinidad de categorías de piezas, desde las producciones más típicas como pueden ser pendientes, collares, anillos, peinas; a las religiosas como cruces procesionales, sagrarios, báculos, relicarios; e incluso obras de las denominadas “domésticas” como podrían ser escritorios (si habéis leído bien, hubo una época en la que la producción de escritorios para la nobleza estaba muy de moda), braseros, saleros, fuentes, relojes, etc.

El problema lo encontramos en que no se conservan actualmente la inmensa mayoría de la producción que se hizo a lo largo de los siglos. El motivo de esta pérdida deriva de que, al igual que nos pasa a día de hoy con las prendas que vestimos, estas piezas pasaban de moda, y cuando una persona quería tener un brasero moderno, le salía más rentable usar la plata del antiguo brasero para hacerse el nuevo. O, por ejemplo, si teníamos 3 pendientes de oro desparejados los aprovechábamos fundiéndolos para hacernos un par nuevo.

Esto pasó en todas las esferas de la sociedad y por supuesto en Córdoba. Conservamos en los archivos infinidad de descripciones de piezas orfebres que hoy día no se conservan, como pueden ser el gran número de objetos que se fundieron para hacer la Custodia de Arfe de nuestra Mezquita-Catedral. De ahí que los objetos orfebres que han llegado a nuestros días se conserven como oro en paño, y nunca mejor dicho.

Es un “Viernes de Dolores” atípico, por ello queremos acercaros una de las piezas de orfebrería de la protagonista del día en nuestra ciudad, la Virgen de los Dolores.

Estamos acostumbrados a ver a la Virgen de los Dolores con esa gran corona de plata dorada, oro blanco, perlas, etc., que la acompaña en su estación de penitencia, pero hoy queremos centrarnos en otras de sus piezas, una diadema.

A diferencia de la corona, la diadema suele tener forma semicircular y está hecha en plata, alpaca o metal plateado, en su color o sobredorados. Está formada por una banda ancha que suele recubierta de ornamentación a través de cartelas y motivos vegetales. Y por supuesto suelen ir rematadas con ráfagas de rayos.

A finales del s. XIX vemos como los orfebres cordobeses comenzaron a recibir un mayor encargo de diademas para imágenes procesionales, aunque suelen ser menos conocidas porque, por norma general, estas piezas suelen ser empleadas para camarín.

Muchas son las Vírgenes de nuestra ciudad que procesionan con diademas como puede ser la Virgen del Cristo de la Caridad, pero en el caso de la Virgen de los Dolores, esta diadema no suele tener un gran uso, de ahí que hayamos querido dedicarle este post.

Virgen de los Dolores. Fuente: Córdoba Digital.

Esta diadema, junto a un rostrillo, otra corona y un joyero para el pecho, fue diseñada por el sacerdote Enrique Redel a finales del Ochocientos (c. 1895). Está elaborada en plata dorada y tiene decorada la banda central con roleos y flores repujadas, así como con piedras engarzadas. En el centro podemos encontrar el anagrama A y M (Ave María) coronado. De este aro central salen rayos biselados que configuran las ráfagas.

Os dejamos con dos imágenes antiguas del Archivo de la Hermandad en las que podemos ver a la Virgen con esta pieza. Un saludo y ¡ánimo!

Fuente: Archivo de la Hermandad de los Dolores
Virgen de los Dolores. Fuente: Archivo de la Hermandad de los Dolores

Bibliografia.

Dabrio González, M.T. «La corona procesional en Córdoba. Aproximación tipológica». Estudios de platería: San Eloy, 2006, Murcia.

2 Comentarios

  • Paco Muñoz

    Mi padre era una persona que no era muy capillita, sin embargo recuerdo que iba todos los viernes a visitar la Virgen de los Dolores, menos tal día como hoy. Nunca supe los motivos de la visita, ni nunca se lo pregunté. Yo era pequeño y aquello me llamaba la atención, por el paseo desde la Mezquita, ver la cola de la gente, y sobre todo porque a la vuelta compraba mi padre tortas en la confitería de la Purísima. Cosa curiosa la dependienta de la confitería, Pepi Murillo fue luego vecina de mi casa y somos unos buenos amigos, son mayores que nosotros diez años pero llevamos desde el 1973 viviendo en la misma casa. Mi madre me contó (pudiera ser una leyenda urbana) que una semana Santa echaron en falta una joya de la virgen a la hora de la entrada a su templo, y cerraron ambas calle de acceso no abriendo el paso hasta que apareció la joya que parece se había caído a la plataforma del paso.

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